martes, 8 de diciembre de 2009

ES el momento.

Tengo un redactor en el bolsillo. Está ahí, chiquito, y no va a salir. No. Porque este tipo quiere dormir a oscuras, y las luces le ahuyentan al sueño.
Acepto que es algo vago: “va” como la valentía, “go” como el goce. Tan precisamente vago es que, cuando se anima a escribir, goza como los adultos. Con ganas, con fuerza, con paz. Con motivos varios. Es un juego divertido, y hay que concentrarse en desconcentrarse.
Pero vuelvo a mi redactor. Que sigue ahí, chiquito. Siempre se fija en los detalles, se lee con frecuencia, se critica con cierta frecuencia mayor. Siempre menos hoy, que tiene sueño. Es hoy, entonces, que al señor no le pinta salir del bolsillo. Quizás se quede leyendo “El eterno marido” para protegerse de la lluvia.
Muchos lo llaman a los gritos. Yo le susurro, para que no pierda el hilo. Pero no. Se ve que no lo tentamos porque dice que no es el momento de salir…. Todos sabemos que él no sabe cuál es el momento. Y todos hacemos de cuenta que no nos importa demasiado. Ni importa lo que escriba, mientras lo haga. Lo puede hacer bien bien o mal mal. El punto es que se anime, así que punto.
Como ya dije, a mi redactor le gusta protegerse de la lluvia. Suele andar con paraguas rojo. Lo lleva de la cintita angosta y también roja que el paraguas tiene mal cosido cerca del mango. Claro. Por eso lo lleva de ahí. Porque la cintita está cerca del mango.
Lo lleva con aires distraídos hasta que el aire se hace viento y el viento, tormenta. Ahí lo saca. Concentrado. Porque si no se concentra, esas ráfagas doblan el paraguas en quichicientos pedazos y después se escuchan risas de los que pasan por la calle.
Las risas son lindas, pero hacen que el paraguas se ponga más colorado. Rojo. El rojo es el color del peligro y el color de la pasión. Y el del paraguas, obvio. Entonces este menjurje de caños, tela y cintita mal cocida arremete con vehemencia contra los risueños de la calle. Sí, así, muy poéticamente lo hace. Y muy agresivo también. Dicen que mi redactor intenta controlarlo. Mienten. Mi redactor lo deja libre. Le gusta verlo hacer de las suyas, mientras el risueño ya no ríe.
Es por eso que mi redactor lleva un paraguas rojo. Porque el paraguas hace de las suyas, solito.
Y mi redactor entonces se sienta a tomar un café.

1 comentarios que comentaron.:

Juanjo dijo...

muy lindo y delicado
Juanjo