Un clavo saca a otro clavo mientras éste, el primero, sea un gran tipo-hombre-caso capaz de extraer de sí mismo lo mejor y lo peor y volcarlo, con ganas, en la ardua tarea de la 'sacada de clavo'.
Este otro, el segundo, no es más que un clavo originario de la pasión, de gran calidad y dudosa calidad, algo oxidado y con ganas de quedarse quieto, estanco, podrido. No es más que eso, ni menos tampoco.
Y por último, las manos que no se ven y todo lo tocan, manejadoras del martillo que puso al primer clavo en su lugar, y puso al segundo en el lugar del primero.
¿Cuál de estos clavos es el primero y primordial? Es algo difícil de saber. Probablemente ni el primero ni el segundo, sino un tercero en cuestión.
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sábado, 6 de marzo de 2010
jueves, 4 de marzo de 2010
Sobre un hotel
¡Pero miren quién está entrando por esa puerta! ¡Si no es más que el bohemio! Ese, ése mismo que en otra de sus andanzas se cruzó con la linda Linda, que cuando estuvo a punto de besarla bajo el árbol de naranjos de la vuelta de la esquina del pueblo de al lado, se frenó en seco y le preguntó ¿no estamos un poco cansados? Entonces Linda se fue, lo abandonó. De cansada nada, ella. Y ahora mírenlo, cruzando la puerta del hotel, entrando acá. ¿Quién lo hubiera dicho? Yo no, al menos, porque se pasó años encerrado en su tristeza, y el plomo. Ya cansado parece que no está, porque veo su zapato acercarse a unas sandalias de mujer y susurrarle con indiscreción cosas al oído. Qué cosas no puedo saberlo, yo sí soy discreta, acaso aclaro, por si no se dieron cuenta. Sonríe ella, que no es linda, pero sonríe y hablan de la vida misma, parece. De naranjos, frutas y verduras, de la vida de los sucios, la muerte de los intelectuales. Y así, como quien no quiere la cosa, él la invita a salir de ahí, de acá. Ahí está, ahí se van, ahí salen, ella aceptó. El hotel es lindo, es precioso, tiene buen gusto material. Mucho más no puedo decir, porque desde esta silla de hierro blanco y a través de mi vaso de gin, entre la gente que pasa y las palomas que picotean restos al sol, sólo veo que el bohemio salió al hotel, con ella, agarrados de la mano ambos dos.
Me gusta más cuando entra a la calle. Entra solo, pero a la calle.
Me gusta más cuando entra a la calle. Entra solo, pero a la calle.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Sobre un nido
Hace nueve días pensaban en que juntos hicieron su nidito de amor. Lo estaban haciendo, en verdad, muy despacito. Que le pusieron plantitas, comida sana, acolchados suaves, y amor, claro, siempre amor. Es chiquito pero prometedor, suponían, mientras apuntaban la mirada al este durante cada mañana, dando calor a la familia.
Seis mañanas y siete noches hasta que empezó a llover. La gente común se queda en casa, y los huevos se pasan por agua. A la vista de todos, las palomas y los palomos no saben dónde esconderse. Los futuros pichones envueltos en cáscara, desprotegidos, caen. Se revientan despacio pero fuerte, el piso estaba cerca, el viento lo logró.
Dos días después ya no cae agua, y la gente común los barrió. Ahora, hembra y macho, sólo buscan un nuevo alféizar.
Seis mañanas y siete noches hasta que empezó a llover. La gente común se queda en casa, y los huevos se pasan por agua. A la vista de todos, las palomas y los palomos no saben dónde esconderse. Los futuros pichones envueltos en cáscara, desprotegidos, caen. Se revientan despacio pero fuerte, el piso estaba cerca, el viento lo logró.
Dos días después ya no cae agua, y la gente común los barrió. Ahora, hembra y macho, sólo buscan un nuevo alféizar.
miércoles, 27 de enero de 2010
Sobre un balcón
Nosotros vemos a la gente pasar y detenerse desde arriba.
Aparece la señora Graciela y una mujer entrada en años pero seductora, que camina hacia la esquina de la derecha y de la izquierda. Cuando llega a la calle Pedernera, dobla y las miradas la siguen hasta el último momento.
Desde esa misma esquina se acerca un auto blanco y un Ford Escort que se detiene a mitad de cuadra y en la puerta de la casa de Gustavo.
El hombre que se baja del auto es atractivo y es Juan, un amigo de Gustavo de toda la vida. Levanta la mirada y saluda a la ventana del primer piso del edificio de enfrente y hacia donde estoy yo.
Aparece la señora y la mujer otra vez. Saluda, al parecer, a alguien que reconoce en el balcón de enfrente y la reconoce a ella que está tomando sol en el tercer piso del edificio azul.
Ella fue quien vio, primero a la señora Graciela doblar en la esquina izquierda, y después al auto frenar a mitad de cuadra, donde vive Gustavo, y al hombre atractivo que saludó al chico asomado en la ventana del primer piso del edificio de enfrente, que soy yo. Esa fue la primera vez que ella me vio a mí.
Yo primero me distraje viendo ir hacia la esquina derecha a una mujer seductora, que se llamaba Graciela, aunque yo no lo sabía. Después saludé al amigo de Gustavo que llegaba con su Ford blanco y, al volver a ver aparecer a la mujer, descubrí que en el balcón del tercer piso del edificio de enfrente está ella, una chica hermosa que toma sol en los días de verano y se distrae mirando pasar a la gente desde arriba, como yo.
Aparece la señora Graciela y una mujer entrada en años pero seductora, que camina hacia la esquina de la derecha y de la izquierda. Cuando llega a la calle Pedernera, dobla y las miradas la siguen hasta el último momento.
Desde esa misma esquina se acerca un auto blanco y un Ford Escort que se detiene a mitad de cuadra y en la puerta de la casa de Gustavo.
El hombre que se baja del auto es atractivo y es Juan, un amigo de Gustavo de toda la vida. Levanta la mirada y saluda a la ventana del primer piso del edificio de enfrente y hacia donde estoy yo.
Aparece la señora y la mujer otra vez. Saluda, al parecer, a alguien que reconoce en el balcón de enfrente y la reconoce a ella que está tomando sol en el tercer piso del edificio azul.
Ella fue quien vio, primero a la señora Graciela doblar en la esquina izquierda, y después al auto frenar a mitad de cuadra, donde vive Gustavo, y al hombre atractivo que saludó al chico asomado en la ventana del primer piso del edificio de enfrente, que soy yo. Esa fue la primera vez que ella me vio a mí.
Yo primero me distraje viendo ir hacia la esquina derecha a una mujer seductora, que se llamaba Graciela, aunque yo no lo sabía. Después saludé al amigo de Gustavo que llegaba con su Ford blanco y, al volver a ver aparecer a la mujer, descubrí que en el balcón del tercer piso del edificio de enfrente está ella, una chica hermosa que toma sol en los días de verano y se distrae mirando pasar a la gente desde arriba, como yo.
domingo, 24 de enero de 2010
Sobre un tacho de basura
- ¿Qué hay ahí?- me preguntó.
- Un lápiz masticado, yerba húmeda de un mate con azúcar, cáscaras de pistachos, acero en viruta, pilas sulfatadas, un calendario de 2008 cortado en pedacitos, restos de las necesidades del perro del vecino, medio metro de cable pelado, un cucurucho masticado, cuatro uñas de dedo de pie (sucias), varios boletos de colectivo líneas 45-10-17-24, un trapo rejilla con más agujeros de lo debido, cemento de contacto seco, la patilla de un anteojo rojo, dos bolas de navidad rotas, un poco de pasto largo, mi último ex, la ex de él, y Carlos Menem. -
- Ah, nada que un cartonero pudiera reciclar. -
Coincidimos, y se fue.
- Un lápiz masticado, yerba húmeda de un mate con azúcar, cáscaras de pistachos, acero en viruta, pilas sulfatadas, un calendario de 2008 cortado en pedacitos, restos de las necesidades del perro del vecino, medio metro de cable pelado, un cucurucho masticado, cuatro uñas de dedo de pie (sucias), varios boletos de colectivo líneas 45-10-17-24, un trapo rejilla con más agujeros de lo debido, cemento de contacto seco, la patilla de un anteojo rojo, dos bolas de navidad rotas, un poco de pasto largo, mi último ex, la ex de él, y Carlos Menem. -
- Ah, nada que un cartonero pudiera reciclar. -
Coincidimos, y se fue.
Sobre el desconcierto
El de la guitarra a la derecha mira y sonríe con picardía al de la batería, que siempre se encuentra atrás. Rodrigo ve esas miradas y entiende lo que está por pasar. Lo entiende porque no es la primera vez que se encuentra en primera fila, al centro, de un gran concierto de la banda instrumental "Las Manos".
María Eugenia pispea a Rodrigo desde el lateral derecho, mientras agita su mano y sacude su cuerpo por distintas razones. Con el cuerpo baila, con la mano busca llamar la atención de su amigo. Su amigo, Rodrigo, no la ve porque está mirando al frente, siempre al frente.
El de la guitarra a la derecha ve la escena desde el escenario, y mira y sonríe con picardía al de la batería. Los dos entienden que su amiga María Eugenia está perdida y enamorada de Rodrigo, por lo que entusiasmarlo a él es hacerla feliz a ella. Así es como cada integrante de "Las Manos" se contagia entre sí y, en un segundo esperado, sueltan los instrumentos y comienzan a aplaudir con sus ocho brazos. Así es, entonces, como este grupo de pulpos emociona al amor irracional.
María Eugenia pispea a Rodrigo desde el lateral derecho, mientras agita su mano y sacude su cuerpo por distintas razones. Con el cuerpo baila, con la mano busca llamar la atención de su amigo. Su amigo, Rodrigo, no la ve porque está mirando al frente, siempre al frente.
El de la guitarra a la derecha ve la escena desde el escenario, y mira y sonríe con picardía al de la batería. Los dos entienden que su amiga María Eugenia está perdida y enamorada de Rodrigo, por lo que entusiasmarlo a él es hacerla feliz a ella. Así es como cada integrante de "Las Manos" se contagia entre sí y, en un segundo esperado, sueltan los instrumentos y comienzan a aplaudir con sus ocho brazos. Así es, entonces, como este grupo de pulpos emociona al amor irracional.
Sobre...
No estaba soñando que estaba en un avión camino a la ciudad arbolada donde veraneaban los príncipes y trabajan las camareras en verano, al costado de la playa y a pocos metros del gran bosque.
No estaba soñando que justo cuando caía a la pileta con el cuerpo en forma de bomba, salpicaba a una señora maquillada que pasaba mientras unos amigos se reían al grito de "agua que haz de volar".
No estaba soñando porque no estaba dormida.
No estaba pasando porque estaba en mi cama.
Estaba en mi cama porque no podía dormir. Pero muy despierta no estaba.
(...sobre "el insomnio")
No estaba soñando que justo cuando caía a la pileta con el cuerpo en forma de bomba, salpicaba a una señora maquillada que pasaba mientras unos amigos se reían al grito de "agua que haz de volar".
No estaba soñando porque no estaba dormida.
No estaba pasando porque estaba en mi cama.
Estaba en mi cama porque no podía dormir. Pero muy despierta no estaba.
(...sobre "el insomnio")
jueves, 14 de enero de 2010
Sobre escribir sobre un bloc de notas
Cecilia no imagina nada. Se para en frente, lo agarra con las manos y entrecierra los ojos para leer. Lee, entiende, pero no imagina nada. Abre los ojos grandes y mira hacia arriba, más precisamente al rincón izquierdo de la habitación. Está intentando imaginar, como si poner cara de imaginación lograra atrapar un sueño.
Andrea está contenta, contentísima, con el regalo inmaterial que le está haciendo a Cecilia. Se le ocurrió que lo mejor que podía hacer era eso. Eso era nada, la primera hoja de un bloc de notas completamente en blanco, con una inscripción al pie. La inscripción dice "en este espacio blanco podés imaginar lo que más quieras". Todavía hoy lo dice, y Cecilia sigue sin imaginar nada.
Andrea se entristece porque entiende lo que está pasando, ofreció la posibilidad de soñar a alguien que no es capaz de hacerlo.
Pero Cecilia arranca la primera hoja, la deja a un lado, y comienza a escribir sobre el bloc de notas. Su sueño es escribir, pero no lo imagina: lo hace.
Andrea está contenta, contentísima, con el regalo inmaterial que le está haciendo a Cecilia. Se le ocurrió que lo mejor que podía hacer era eso. Eso era nada, la primera hoja de un bloc de notas completamente en blanco, con una inscripción al pie. La inscripción dice "en este espacio blanco podés imaginar lo que más quieras". Todavía hoy lo dice, y Cecilia sigue sin imaginar nada.
Andrea se entristece porque entiende lo que está pasando, ofreció la posibilidad de soñar a alguien que no es capaz de hacerlo.
Pero Cecilia arranca la primera hoja, la deja a un lado, y comienza a escribir sobre el bloc de notas. Su sueño es escribir, pero no lo imagina: lo hace.
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