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viernes, 20 de abril de 2012

O me caso con un chino o mato a mi abuela.

Puse a hervir chauchas. Se quemaron cuando se evaporó toda el agua. Mientras las veo chamuscadas recuerdo a mi abuela diciendo que cocino bien. Hace dos días lo dijo, ni que yo haya cambiado. Pero sí, cocino bien, bien cocidas quedaron las chauchas. Mi abuela era cocinera, por eso cuando se muera le voy a pedir de herencia galletitas. Hasta que eso pase, las seguiré comprando en el mercado chino de a la vuelta porque la base de una vida plena es la alimentación sana y saludable, ¿y quién no quiere una vida plena?

jueves, 17 de febrero de 2011

María y Juana

En la plaza de los árboles estábamos, habíamos llegado en colectivo. El 151, a dos cuadras paraba. Lleno de viejas, lleno de pendejos, los domingos eran así. El domingo anterior no, nos costó salir pero fuimos a otro lado, no sé a qué. Igual el bondi estaba vacío, la excepción a la regla. Está lleno de reglas boludas. Y boludeces que rompen las reglas, sí. Nos pasó que buscábamos la llave por todos lados y nada. Estaba colgada, como película de terror jolivudense, con un cartel frente a la puerta. ¡Salimos rápido, por las dudas! El miedo nos hace reír.

lunes, 5 de julio de 2010

Dolor de panza

No es un embarazo real si no podía sentir antojos y mandar al marido a comprar jalea a las 5am de madrugada de invierno. No había casa, ni chimenea, ni pantuflas sobre suelo encerado. No había marido, simplemente. Y a las 5 am nadie iba a comprar nada. Ni tampoco ella se despertaba sin antojos a esa hora. Dormía. La cama no estaba calentita y la fogata interna no estaba saciada. No había llama encendida ni llama apagada. No había sexo. No había niño. No era un embarazo real porque no tenía antojos. No estaba embarazada.
¿Era la hora de salir a buscar marineros fornidos? No, no había. Sólo quedaban unos pocos puercoespines.

domingo, 25 de abril de 2010

Bitácora


No se puede mezclar Rutini con budín de pan, porque no importa que era este budín, y con eso.
Porque te cae mal.
Te aniquila.
Te da ganas de comerte, punto.

Lo que pasó pasó, como el pasado explícito que se buscó nuestras vidas. Pero también, recordemos, sí, claro, recordemos, que lo que pasó ha sido hecho. Pasó, loco. No me alcanza. Pero fue. Existió, pasó. El pasado es pasado pero paso. Cecilia: Paso?. Paso y truco, dice Emiliano.

Hay que contar una historia, sin fin, como en la canción de Charly. (sabés qué canción?)


COLABORACIÓN AL MENOS PERTINENTE: E. MYER, EL GUARDAPARQUE

domingo, 11 de abril de 2010

Hisopo

Tenía pensamientos sucios hasta que, con un hisopo, se limpió el cerebro.

(No es casualidad que también hisopo se llame el utensilio utilizado por la iglesia para dar o esparcir agua bendita.) 

Tenía pensamientos sucios hasta que, con un hisopo, esparció cera sobre los comensales.

(Convertir la mugre en algo funcional al Papa de turno, limpia el alma.)

Luego sí, comieron papas al horno.





martes, 6 de abril de 2010

Adrián

Adrián está jugando con una lata en la mano. Que la corta, la desarma, le hace flecos y la dobla, hoja por hoja, hasta lastimarse. Si siempre se lastima, Adrián, cuando juega así. Entonces sangra, cortado, y chorrea un hilito de líquido espeso color rojo (pero que quisiera ser azul) mientras camina con paso campante hasta la cocina, se agacha despacito sobre la pileta y piensa en el agua fría y el agua caliente, que calienta. Porque no jugaba con una lata en la mano en la cocina: jugaba en la habitación.
Después se olvida de la sangre que queda en la mano abajo del chorro con agua abundante. Se olvida porque se distrae, porque la ventana está abierta y un pájaro extraño come migas de comida de perro a la orilla de los árboles. Y así el agua corre, y Adrián se lava las manos, se las seca, y se las mete en el bolsillo.
Ahora no sabe qué hacer, entonces se queda ahí, parado, apoyado contra la mesada y piensa ¿Qué puedo comer? Hasta que abre una lata de duraznos en almíbar, claro. Y vuelve a jugar.

martes, 23 de febrero de 2010

Así pero no

Se encontraron como dos desconocidos. O algo así, pero no. Conocer, se conocían. Uno va y otro viene. Se llaman. Se dejan de llamar. Cada cual pretende lo que no es mientras las cosas fluyen y las letras quedan. Sí, las cosas, esas cosas. Y casas, que están ahí, que no reciben. Que no sé qué pasa yo, y ellos tampoco. Que quedamos en ver. O símil.

viernes, 12 de febrero de 2010

Horizonte Lateral*


*título e imagen por la fotógrafa Alexa Rabbit
http://www.myspace.com/alexa_rabbit








Miró para allá. ¿Qué hay allá? Buscó la humildad que se veía por el horizonte. Hay formas altaneras. Sabía que era difícil encontrar los pasos de su madre pero miró igual, porque quiso hacerlo. No camina. Quería ser todo aquello que no estuviera ahí cerca. Ya no hay nada. Las cosas se complicaron entre colores. Rojo y naranja son la salida. Sintió que ya no importaba más que la mirada perdida, incluso el desgano. La frustración la salva de insistir. Se sentía sola y estaba sola ella. Sólo ella ahora. Mientras perdía las ganas disfrutó ese horizonte. Todo disfruta. No hubo manera de escapar, sino simplemente sentarse. Se para. Quería volar, como todos los soñadores quisieron en las tardes naranjas. Hoy vuela Paloma.

Claro



http://wontherlf.deviantart.com



Claro. Siento. Lógico. Claro. No debería. No pasa por deber. Deber, deberes. Paredes. No pasa por las calles. Vértebras. Venas. Duele. Pájaros. Luces. Claro. Pastos altos. Correr. Cada espacio va cayendo. Aplastados. Destacados. Sobresalimos, nos vemos. Estamos. Jugamos. Hoy jugamos ya. Prometemos querer seguir jugando entre pastizales altos en claros de bosques mientras la luna así, llena, nos ilumina. Sí, claro.

viernes, 18 de diciembre de 2009

ANTIGUO 'DELIRAMIENTO' [una mezcla de artículos varios y un poco de imaginación]

Es que todos deliramos un poco. En especial cuando tenemos un parlante chiquitito al lado, como yo ahora. Suena Pablito Lescano. ¡Cómo le gusta a este aparato la cumbia villera! Se transforma en un sonajerode ritmos a punto de romperme la cabeza. Y me la parte, nomás.
A veces pienso en enchufarlo a 320 volts, un cable amarillo y uno violeta para hacerlo más divertido, y que estalle en mil pedazos. Sí, que estalle, que se rompa, implote, se derrita, se haga polvo, ¡todo al mismo tiempo! Y que las esquirlas den la vuelta y se le vuelvan a clavar. ¡Vendetta al parlantito! A ver si aprende de una vez que la cumbia no me deja dormir...
Pero no… calma. ¡Ya no se si es el parlante o la idea de los hilachos de colores los que me ponen los pelos de punta! Pero calma… Bien que a esos cables les encantaría la festichola que se armaría con el parlantito, Lescano y el estallido… ¡Calma dije!
Mejor apago la música. Me acomodo despacio. Despacio, silencio. Escucho el silencio. Huelo el aire frío. Miro algún punto perdido en el espacio.
- ¿Qué me mirás, chusma?
Yo no se si me hablan las paredes, o le hablo yo a lo que creo que estoy mirando y me mira. No entiendo nada. Qué bien me vendría un calmante.
- ¿Qué me mirás, chusma?
De vuelta. Esa cosa que me habla no se da cuenta que yo ya no se qué era lo que estaba mirando.
- ¿Y cómo querés que no te mire, ladrillito?- Me acordé de golpe a quién miraba, y le contesté desafiándolo - ¡Sos los anteojos del techo que uso para ver el cielo en vez de este infierno!
- “Soy el negativo absoluto, la encarnación de la nada. Lo que se desea y no se puede obtener, lo que se sueña porque no puede existir…”
Esa frase la conozco. El diablo del cuento de Fernando Pessoa es quien habla. Hago silencio. Esta vez no me callo en busca de calma. Esta vez me quedo sorprendida, anonadada. No sabía que Fernando Pessoa había reencarnado en un ladrillo de vidrio. ¡Y fanático de sí mismo, el muy ególatra! Ególatra y antipático.
- ¡No voy a mirar a nadie más en esta habitación!- les grito a todos, y espero que les quede claro.
Miro lo que no hay, lo que no está, lo que no se puede mirar. Así nadie se queja. Alguien se olvidó de poner un tubo de luz, y en eso me concentro ahora. A ver si me puedo dormir…
Ya está. Ahora no me puedo dormir. Culpo al que se olvidó de poner el tubo de luz. ¡Es el fuego encapsulado que me falta para ver más allá! ¡La cura de todos mis males! Mirar más allá. Mi salvación. Emoción. ¡Mi cable a tierra!
Y en cambio, en el lugar de mi objeto fetiche rectangular de salvación, hay un piolín amarillo que cuelga. Lejos de ser mi cable a tierra, es como el cable a tierra de un payaso cual Piñón Fijo.
La vida es injusta. No se puede vivir así. Y si yo no puedo vivir así, que nadie viva. Usaría esa soguita alegre para ahorcar a Piñón y a su Club de Enanos Amigos...
La bronca me invade otra vez. Maldigo a los payasos, a Pablito Lescano, a Fernando Pessoa, al santísimo Dios, y la madre que los parió a todos.
Y ya basta. No pienso intentar dormir nunca más.
Manoteo la tecla pero no se hace la luz. Empiezo a los gritos. Al artefacto de iluminación no le debe hacer mucha gracia que la tecla no lo tome en cuenta.
- No te preocupes, Cecita.- me dice una voz que conozco- Nosotros sí te tomamos en cuenta. Si no podés dormir te damos un Valium. Es que todos deliramos un poco. En especial cuando estamos acá, en este Hospital Moyano.

*intertextualidades varias de la cultura argentina