miércoles, 17 de marzo de 2010

No apto

Anoche soñé un peliculón, mezcla de drama y policial, que tendría que haber sido apto para mayores de 103 años: muy fuerte.
Trataba de un grupo de niños, alrededor de siete u ocho, y sus respectivos padres de un barrio normal, modalidad nocturna.
La situación era trágica. Comenzaban estando todos los niños solos en la vereda de una casa. Uno de los padres hablaba con uno de los hijos vía teléfono móvil, y le decía que vaya a nosédónde. La comunicación se cortaba, y el padre confiaba en que el niño le haría caso. El niño confiaba en no hacerle caso.
Otro de los niños, el protagonista de pelo castaño claro y remera rayada color rojo y camel, era el único que debía entrar a la casa que estaba ahí. Parece que ahí vivía, o algo así.
Cuestión que el niño protagonista se quedó, como se suponía que haría; pero el niño desconfiado también, y los sobrantes cinco o seis ídem. Todos juntos en una casa, solos.
A partir de ese momento comienza una masacre por parte de un tipo violento y maldito que se adentra en la vivienda sin fines aparentes. Había dos mujeres adultas también, que no sé de dónde salían ni de qué actuaban. Una era matada al instante, la otra simulaba estar muerta pero sólo estaba quietita.
El masacrador, por supuesto, creía no dejar a nadie con vida. Sí, lo lamento, pero morían todos los niños. Tenían alrededor de seis escasos años. Un sueño feo tuve, sí.
Pero una nena, que resultaba ser la hermana del protagonista de remera rayada, quedaba viva.
Afuera de la casa la situación no era mejor. Se reunían todos los padres de todos los niños a consolar a los progenitores del protagonista, pensando que ése era el único rehén dentro de la vivienda. Rehén vivo.
Luego alguien logra comunicarse, nuevamente vía teléfono móvil, con la nena viva. Ahí se enteran que el protagonista había sido asesinado: llanto, desconsuelo, padres desesperados. Imagínense ahora lo que sucede cuando la nena cuenta que no sólo él era el muerto, sino que todos los demás también habían ingresado a la casa, y no habían corrido mejor suerte.

Y la mujer que se quedaba quieta para simular estar muerta? creo que por momentos esa mujer era yo, y así logré enterarme de lo que sucedía.
Ahora que me desperté llego a la conclusión de que la tecnología es la culpable. Si no existieran los teléfonos celulares, los padres no dejarían solos a sus hijos pensando que, ante cualquier cosa, se pueden comunicar fácil. No, se quedarían con ellos. Y las cosas pasarían igual, sí, pero al menos los niños podrían mirar a papá y mamá antes de morir.

5 comentarios que comentaron.:

sin ver , pero simil dijo...

a veces queremos sustituir o que no sabemos gestionar, por medio de tecnologias que malutilizamos.volvamos a vernos las caras para hablar, eso tan bello que es el dialogo y la presencia

sin ver , pero simil dijo...

a veces queremos sustituir o que no sabemos gestionar, por medio de tecnologias que malutilizamos.volvamos a vernos las caras para hablar, eso tan bello que es el dialogo y la presencia

Édgar R. Ahumada. D. R. dijo...

Muy interesante tu blog, Ce.
En relación a esta entrada, creo que tiene un cierre anecdótico que aprovecha perfecto la narración de tu sueño.
En cuanto a lo de la tecnología también coincido contigo, aunque agregaría que más que la telefonía celular, quizá es un problema de orden humano.
La telefonía celular (y el resto de este tipo de herramientas) sólo está a nuestro servicio, quienes hacemos buen o mal uso de ésta somos nosotros.
Creo que tienes muchos recursos interesantes, y sobre todo, el que agregues una reflexión destaca tu labor previa aún más. No en todos los escritos se da, porque no es fácil. Tú lo haces y bien, además.
¡Felicidades!

milo j. krmpotic' dijo...

ola mexicana por esas últimas cuatro líneas... un saludo.

Anónimo dijo...

Si Ce, la tecnologia nos obliga a cambiar la dramaturgia...a veces es inevitable, otras, a mi modo de ver las mejores, podemos huir de ella "a la antigua".
Armando