viernes, 7 de mayo de 2010

106 y 17

Todas las mañanas a las 6.30 aprox, toma dos colectivos.
El primero de ellos va lleno, tanto que, en invierno, se siente el calor humano como una estufa solar desde el preciso momento en que abre las puertas, si es que hay suerte y las abre, porque suele no parar cuando físicamente no entra nadie más, ni en el fondo.
El segundo llega vacío y continúa vacío, con unas 5 o 6 escasas personas sentadas entre los veintitantos asientos y, a veces, siendo ella la única pasajera de todo el transporte, al punto de tener miedo a que la descubran por pagar un boleto sensiblemente menor al que debería pagar por todos los kilómetros de viaje.
Por lo menos, ambos tienen buena frecuencia.
Así que eso es la vida: extremos circundantes.

2 comentarios que comentaron.:

froblesdoc dijo...

He estado revisando tus escritos y me gustan. Lo haces muy bien! Gracias por compartirlos y sigue escribiendo mucho. Prometo pasearme más seguido por tus páginas... Un abrazo!

Cristiàn Berrìos dijo...

Dos colectivos que a su vez son dos estados en la vida, de compañía y soledad, o más bien el alma, que alberga muchos afectos o casi ninguno; también, por cierto, dos vehículos.